Comunicación: De la identidad a la acción, de la acción a la palabra

Que difícil es mantener una actitud lógica y consecuente con los principios que profesamos. Vamos aceptarlo, cuesta mucho. ¡Que difícil es morir de coherencia! A las empresas, instituciones y políticos les pasa también. Lo vemos todos los días: mensajes difusos, campañas desconectadas con la realidad y slogans vacíos.

La comunicación es un proceso que funciona y da frutos cuando la identidad y la imagen coinciden. Nuestra tarea como comunicadores no es lograr crear fama artificial o fabricar la imagen pública. Nuestra tarea es ganarnos la confianza (y no necesariamente la validación) de nuestros públicos de interés en la medida en que la imagen sea reflejo de la realidad.

A la comunicación hay que verla como un proceso si queremos ser estratégicos. La idea es ir “quemando etapas” hasta llegar a la palabra o, mejor dicho, al mensaje. El punto de partida es la identidad: ese conjunto de rasgos que hacen a una institución/empresa/figura pública distinto al resto. Hablamos de su origen, su historia, su misión y sus características esenciales.

“La identidad de una organización es algo que viene dado, algo que no se inventa sino que se expresa durante el proceso de comunicación”, Juan Manuel Mora, profesor de la Universidad de Navarra

Antes de pasar a la acción, hay que conocerse para obrar de acuerdo con la propia identidad. Actuar consecuentemente es la segunda etapa y será el respaldo de nuestro discurso, de la palabra. Los buenos comunicadores comunican a través de la acción. El storydoing ha llegado para quedarse ante el constante escrutinio de nuestros stakeholders quienes demandan coherencia entre lo que hacemos y lo que decimos.

“La armonía del proceso (comunicativo) se rompe por la incoherencia, más que por la ineficacia: no hay comunicación cuando falta concordancia entre el ser, el pensar, el obrar y el decir”., Juan Manuel Mora, profesor de la Universidad de Navarra.

En conclusión, los responsables de la comunicación estamos para generar confianza a nuestro entorno a través de mensajes claros y transparentes. Las palabras no sirven para ocultar, sino para desvelar en la medida de lo posible.

La comunicación por si sola no resuelve problemas de coherencia. Más allá de las limitaciones (falta de presupuesto y recurso humano, por mencionar algunas), el desafío del comunicador moderno es construir una autentica narrativa que tenga un respaldo en hechos y conductas.

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